Bienvenidos

Pasad, no tengais miedo. No voy a haceros ningún daño. Al menos mientras sigais vivos, claro.

Soy Lord Gilles Delacroix, maestro nigromante al servicio de Grenth, señor de siervos y Amo del Espíritu Rencoroso. Antes de mi ascensión fui un aristócrata, pero eso es otra historia que, si os portais bien, puede que os cuente algún día. No he venido aquí a hablaros de mí, sino a hablaros de otra gente. De otras cosas.

Los nigromantes nos tomamos muy en serio el tema de la muerte. Obviamente, es nuestro campo de estudio y trabajo. Sabemos más de ella que cualquier otra persona, y estudiamos sus efectos a fondo para poder dominarlos y aplicarlos a nuestra voluntad. Aunque no siempre se trata de muerte física. Los nigromantes más tradicionales, los que llevan más tiempo que cualquier otro entre nosotros (y eso puede ser desde cien años hasta mil) tienen un apego irracional a las viejas tradiciones. Tradiciones en desuso, inútiles. Tan inútiles como ellos. Esas tradiciones les estrechan la visión y sólo les permite ver la muerte como un fenómeno físico.

Nosotros, los nigromantes más jóvenes,  hemos aprendido que la muerte puede manifestarse de muchas formas diferentes. No tanto el cese de cualquier actvidad biológica como el hecho de que un cuerpo puede seguir vivo mientras su dueño está muerto. Muerte cerebral. Muerte en vida. Las posibilidades son asombrosas.

Por eso, desde mi mansión en las Llanuras del Tormento (alguien tenía que ocupar las fortalezas de Abaddon después de su muerte), hablaré de videojuegos.

La forma más refinada de matar a alguien sin que lo sepa, y dominar 
su cadáver.

Soy un nigromante. Es lo que hago.

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